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El fracaso de  Charaña y la correspondencia entre Banzer y Pinochet

Publicado: 2021-03-12

Sumilla: La correspondencia intercambiada entre Banzer y Pinochet desmiente las afirmaciones hechas en la Contramemoria de Chile de 2016 ante la CIJ sobre las causas reales del fracaso de Charaña. 

Charaña es una pequeña localidad boliviana aledaña a la frontera con Chile, donde los generales Augusto Pinochet y Hugo Banzer – presidentes de Chile y Bolivia – se reunieron el 8 de febrero de 1975 y acordaron restablecer relaciones diplomáticas – interrumpidas desde abril de 1962 – con miras a «buscar fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como el relativo a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia, dentro de recíprocas conveniencias». Este importante encuentro, que se produjo a iniciativa de Chile y es recordado como el Abrazo de Charaña, generó un complejo proceso de negociaciones entre los gobiernos de Chile y Bolivia.

(De izquierda a derecha en la imagen de cabecera: general Augusto Pinochet Ugarte, Presidente de Chile y general Hugo Banzer Suárez, Presidente de Bolivia.)

En efecto, el Gobierno de Bolivia le propuso al Gobierno de Chile, el 26 de agosto de 1975, que le ceda una porción de territorio costero con soberanía al sur de la frontera terrestre peruano-chilena, a cambio de compensaciones desprovistas de carácter territorial. El Gobierno de Chile le respondió, el 19 de diciembre del mismo año, con una contrapropuesta que sí incluía, y de manera expresa, la figura del «canje territorial», que el gobierno boliviano aceptó al inicio, aunque solo «en términos generales».

Este proceso incluyó también una consulta de parte del gobierno chileno al Perú, de conformidad con el artículo primero del Protocolo Complementario del Tratado de 1929, que dispone que «los Gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de este misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías (…)». En respuesta, el Perú planteó en noviembre de 1976 una contrapropuesta – creación de una zona de soberanía tripartita – que tanto Chile como Bolivia rechazaron.

Las negociaciones continuaron pero concluyeron abruptamente en marzo de 1978, con la decisión de Bolivia de interrumpir nuevamente sus relaciones diplomáticas con Chile, ante la negativa del gobierno chileno de eliminar de su contrapropuesta la idea de «canje territorial», que se había vuelto inmanejable para el gobierno boliviano. Todo este proceso fue objeto de una reseña más detallada en este mismo espacio (ver aquí).

A pesar de ello, el gobierno chileno insiste en considerar, aún hoy en día, que todo el peso de la responsabilidad del fracaso del proceso de Charaña recae sobre el Perú. En efecto, en el párrafo 7.3 de la Contramemoria que presentó a la Corte Internacional de Justicia el 13 de julio de 2016, en el marco de su litigio sobre acceso al mar con Bolivia, el Gobierno de Chile señaló que:

«En vista que el territorio que Bolivia podría recibir como parte de este intercambio se encontraría en el extremo norte de Chile, sería necesario el consentimiento del Perú de conformidad con el Protocolo Complementario al Tratado de Lima de 1929. A partir de la aceptación de Bolivia de las bases de la negociación, Chile procedió a consultarle de buena fe al Perú. El Perú denegó su consentimiento a la propuesta hecha y, en su lugar, hizo su propia contrapropuesta, que fue rechazada por Bolivia y Chile. Chile solicitó al Perú que reconsidere su posición, pero el Perú se negó a hacerlo, dejando en claro que su contrapropuesta constituía una condición no negociable para su consentimiento en el marco del Protocolo Complementario de 1929». (Ver el texto de la Contramemoria de Chile)

Pero, ¿ocurrieron realmente los acontecimientos tal como Chile los describe en este importante documento oficial? ¿Le denegó el Perú su consentimiento a Bolivia y Chile? ¿Hizo el gobierno chileno alguna gestión ante el peruano para que reconsidere su contrapropuesta? ¿Fue la contrapropuesta peruana la causa real del fracaso del proceso de Charaña? Como se podrá apreciar a continuación, la lectura de la correspondencia intercambiada por los presidentes Banzer y Pinochet puede ser de suma utilidad para dilucidar esas interrogantes. Veamos.

La correspondencia entre Banzer y Pinochet *

En seguimiento directo de la evolución de estas importantes negociaciones, los presidentes de Chile y Bolivia optaron por intercambiar cartas cada vez que lo consideraron necesario, lo que ocurrió sobre todo a partir de la presentación de la contrapropuesta peruana. Y como es natural, la alta investidura de ambos interlocutores constituye una fuente de autoridad inapelable para contrastar las afirmaciones del gobierno chileno en la referida Contramemoria.

Carta de Banzer a Pinochet del 21 de diciembre de 1977

Al año de haber sido transmitida la contrapropuesta peruana a ambos gobiernos, el general Banzer le escribió al general Pinochet el 21 de diciembre de 1977, manifestándole que «el Gobierno del Perú, al fin, en noviembre de 1976, hizo conocer sus puntos de vista en torno a la consulta que el Gobierno de Chile le formulara». Agregó que el gobierno chileno «se limitó a declinar la consideración del planteamiento peruano, arguyendo que el mismo incidía en materias propias de la soberanía exclusiva de Chile. Empero, Bolivia esperaba que Chile hiciera gestiones posteriores para establecer tal situación; esclarecimiento fundamental, como está demostrado, para que el Gobierno de Chile pueda perfeccionar la entrega de un territorio que es el objeto concreto y jurídico de la negociación».

Pero más importante aún, Banzer continuó manifestando que, «en aras de una solución que haga honor a la justicia internacional, a la colaboración fraterna y la más amplia solidaridad se propone al Gobierno de Chile que modifique su planteamiento, eliminando la condición relativa al canje territorial. Se propone asimismo, al Gobierno del Perú, que modifique su planteamiento referido al establecimiento de un área territorial bajo soberanía compartida». Al respecto, es importante recordar que, desde un inicio, el gobierno chileno condicionó cualquier cesión territorial a Bolivia «a un canje simultaneo de territorios», condición que el gobierno boliviano habría aceptado al inicio en «términos generales», tal como se lo recordó Pinochet a Banzer en la carta citada a continuación.

Carta de Pinochet a Banzer del 18 de enero de 1978

En efecto, en su respuesta de fecha 18 de enero de 1978, Pinochet le recordó a Banzer que la propuesta chilena, que incluía el «canje simultaneo de territorios» como elemento esencial de la negociación, «fue aceptada en términos generales y sin objeciones por Bolivia, como consta en nota oficial de su Embajador en Santiago». Y en descargo de la acusación de haberse limitado el gobierno chileno, sin más, a rechazar la contrapropuesta peruana, Pinochet señaló que «es efectivo que mi Gobierno descartó el referido planteamiento por considerar que incidía en cuestiones ajenas a la consulta y propias de su soberanía. Si no realizó gestiones posteriores, tampoco tuvo conocimiento de alguna iniciativa de Bolivia en este sentido ni recibió ninguna sugestión de parte de su Gobierno para promoverla».

Más aún, agregó Pinochet que las negociaciones no se paralizaron como consecuencia de la presentación de la contrapropuesta peruana. «Prueba de ello – añadió – fueron el viaje que el Señor Ministro de Relaciones boliviano realizó sucesivamente a Lima y Santiago en Junio de 1977; las entrevistas que tuvimos con Vuestra Excelencia en la ciudad de Washington en el mes de septiembre siguiente; y las que celebraron posteriormente los Ministros de Relaciones Exteriores de Bolivia, Chile y Perú, en Nueva York, también en el mes de septiembre del mismo año. En todas ellas hubo acuerdo para proseguir las negociaciones».

Y en cuanto a una supuesta intransigencia peruana, Pinochet fue enfático en manifestar que, «a juicio de mi Gobierno, las bases propuestas por Chile y aceptadas en términos generales por Bolivia son las únicas viables y realistas para permitir la satisfacción de los anhelos del país hermano. Mal podría, por tanto, proponer otra variante. Pero estoy cierto que sobre esas bases sería posible lograr un acuerdo susceptible de obtener la aceptación del Perú. Me fundo en las declaraciones del Señor Ministro de Relaciones Exteriores de ese país hermano y amigo quien en dos oportunidades, ha declarado que los planteamientos de noviembre de 1975 “no son necesariamente una fórmula de solución final, sino alternativa, elemento de diálogo”».

Carta de Banzer a Pinochet del 17 de marzo de 1978

Banzer le volvió a escribir a Pinochet – por última vez – el 17 de marzo de 1978, manifestándole que «me corresponde dar respuesta a su carta de 18 de enero último, en circunstancias en que, pese a mi mejor voluntad, concluye el diálogo que resolvimos reanudar el 8 de febrero de 1975, bajo tan aparentemente prometedores auspicios». Las circunstancias vigentes al producirse el abrazo de Charaña e iniciarse las negociaciones parecían haberse disipado.

Y la razón radica en los informes que Banzer recibió de un Enviado Confidencial que había despachado días antes a Santiago para obtener unos esclarecimientos que le parecieron indispensables con miras a continuar con el proceso de negociación. En efecto, es en base a dichos informes que le escribió a Pinochet que «no fue sin sorpresa que me enteré que el Canciller Carvajal (de Chile) declaró al Embajador Vargas (Enviado Confidencial de Bolivia) que su Gobierno no había hecho ni consideraba que debía hacer ningún esfuerzo destinado a buscar el acuerdo previo del Perú, de que trata el Protocolo chileno-peruano de 1929». Y, sobre todo, «que todas las condiciones para otorgarnos una salida soberana al mar por el Norte de Arica, señaladas en la respuesta del 19 de diciembre de 1975, sobre todo la relativa al canje territorial, permanecían inalterables y no sería objeto de negociación ulterior».

Concluyó Banzer su carta señalando que «no le queda, en consecuencia, a mi Gobierno otro camino que el de suspender las relaciones diplomáticas con el que preside Vuestra Excelencia, como lo está notificando hoy mismo a Vuestro representante el Canciller Adriázola» (de Bolivia). Y sentenciando que «tal actitud deberemos observar los bolivianos, en tanto Chile no llegue a comprender que en nada le beneficia mantener indefinidamente asfixiado a todo un pueblo que, pese a cualquier adversidad, se reintegrará un día al Océano Pacífico».

Comentarios finales

La lectura de la correspondencia de los presidentes de Bolivia y de Chile entre diciembre de 1977 y marzo de 1978 deja en evidencia que las afirmaciones que el gobierno chileno consigna en la Contramemoria que presentó a la Corte Internacional de Justicia el 13 de julio de 2016, en el marco de un litigio con Bolivia, constituyen una insoslayable tergiversación del desarrollo real de ciertos aspectos del proceso de negociación que los generales Banzer y Pinochet iniciaron con el célebre abrazo que se dieron en Charaña, aquel 8 de febrero de 1975.

No es cierto, como figura en la Contramemoria chilena, que el Perú le denegó su consentimiento a la propuesta hecha por el Gobierno de Chile a Bolivia, sino que se limitó a hacer un planteamiento que habría de «servir de base para la concertación en la debida oportunidad del acuerdo previo que establece el Artículo 1 del Protocolo Complementario al Tratado de 1929», es decir, una vez que los gobiernos chileno y boliviano hubiesen llegado a un acuerdo definitivo sobre una eventual cesión territorial, lo que no llegó a producirse.

Tampoco es cierto, como reza en la Contramemoria chilena, que el Perú se hubiese pronunciado «dejando en claro que su contrapropuesta constituía una condición no negociable para su consentimiento en el marco del Protocolo Complementario de 1929». Nuevamente, el propio Pinochet le escribió a Banzer diciéndole que, en relación con las bases propuestas por Chile, «estoy cierto que sobre esas bases sería posible lograr un acuerdo susceptible de obtener la aceptación del Perú. Me fundo en las declaraciones del Señor Ministro de Relaciones Exteriores de ese país hermano y amigo quien en dos oportunidades, ha declarado que los planteamientos de noviembre de 1975 “no son necesariamente una fórmula de solución final, sino alternativa, elemento de diálogo”».

Finalmente, menos cierto es aún, como se consigna en la Contramemoria chilena, que «Chile solicitó al Perú que reconsidere su posición, pero el Perú se negó a hacerlo». El propio Pinochet le confesó por escrito a Banzer que, «si no realizó gestiones posteriores, tampoco tuvo conocimiento de alguna iniciativa de Bolivia en este sentido ni recibió ninguna sugestión de parte de su Gobierno para promoverla». En igual sentido, Banzer le escribió a Pinochet que el canciller chileno le habría dicho al Enviado Confidencial de Bolivia que «su Gobierno no había hecho ni consideraba que debía hacer ningún esfuerzo destinado a buscar el acuerdo previo del Perú, de que trata el Protocolo chileno-peruano de 1929».

Si el proceso de Charaña terminó con una nueva ruptura de relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile, tal como Banzer le dijo a Pinochet en su última carta, no fue por la contrapropuesta peruana, pues como el mismo Pinochet escribió a Banzer, las negociaciones no se paralizaron como consecuencia de dicha contrapropuesta. En efecto, el canciller boliviano se reunió con su par en Lima y Santiago en junio de 1977, hubo reuniones entre Banzer y Pinochet en Washington al mes siguiente, y los cancilleres de Bolivia, Chile y el Perú se reunieron en Nueva York en setiembre del mismo año. Y en todas esas reuniones, como le escribió Pinochet a Banzer, «hubo acuerdo para proseguir las negociaciones».

En última instancia, el proceso de Charaña fracasó porque el Gobierno de Bolivia no pudo manejar internamente el concepto de «canje territorial», no obstante haberlo aceptado al inicio aunque solo «en términos generales». Proceder a un «canje territorial» hubiera significado obtener una salida al mar como producto de una transacción y no de una reparación histórica, lo que no era aceptable para un sector creciente del pueblo boliviano y Banzer se vio en la obligación política de suspender nuevamente las relaciones diplomáticas con Chile, situación que se mantiene hasta el día hoy.

* Las cartas citadas de los generales Banzer y Pinochet figuran en el libro Historia de las negociaciones chileno-bolivianas 1975-1978, publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Chile en 1979.


Escrito por

Hubert Wieland Conroy

Magister en Derecho Constitucional. Diploma de Estudios Superiores en Relaciones Internacionales de la Universidad de Ginebra.


Publicado en

La pluma inquieta

Reflexiones constructivas sobre temas diversos.