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¿Informó el Brasil a Chile sobre la existencia del Tratado de Alianza Defensiva de 1873 entre el Perú y Bolivia?

Publicado: 2017-08-13

Sumilla: Al igual que en Buenos Aires, la participación de la diplomacia brasileña fue decisiva para que Chile conozca el texto completo del Tratado de Alianza Defensiva peruano-boliviano de 1873.

En un artículo reciente (ver aquí), compartí con los lectores de La Mula un testimonio del diplomático chileno, Guillermo Blest Gana, recogido por el escritor también chileno, Anselmo Blanlot Holley, en que el primero relataba cómo había hecho durante su gestión en Buenos Aires para acceder al texto del Tratado de Alianza Defensiva de 1873 entre el Perú y Bolivia, hacia mediados del segundo semestre de dicho año.

Sin embargo, aquel no habría sido el único momento en que representantes diplomáticos chilenos tuvieron conocimiento de dicho instrumento peruano-boliviano. La primera oportunidad parece haber sido durante la gestión del ministro plenipotenciario chileno en Bolivia, Carlos Walker Martínez, a mediados del mismo año de 1873, tal como se mencionara en un artículo publicado en este mismo espacio a fines de 2016 (ver aquí). 

Poco tiempo después del descubrimiento de Blest Gana en Buenos Aires, el ministro plenipotenciario chileno en el Perú, Joaquín Godoy, también habría conseguido acceder al citado acuerdo defensivo secreto y transmitir su texto a Santiago, en diciembre de 1873.

En esta oportunidad, la participación de la diplomacia brasileña también parece haber sido decisiva, como se podrá apreciar a continuación. 

Los esfuerzos del diplomático chileno en Lima 

Al recibir noticias de Guillermo Blest Gana, desde Buenos Aires, sobre las sesiones secretas del congreso argentino a fines de setiembre de 1873, que incluían referencias precisas sobre el tratado de alianza defensiva entre el Perú y Bolivia y no «vagas noticias» o «vagos rumores», como se suele afirmar en la historiografía chilena, Adolfo Ibáñez, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, corrió traslado de inmediato a su ministro plenipotenciario en Lima, Joaquín Godoy, con la indicación de hacer las averiguaciones correspondientes.

Godoy acusó recibo del encargo señalando que, «comprendiendo la suma gravedad del asunto a que esa nota se contrae y la importancia que tiene su esclarecimiento, todo mi conato se dirigirá, como está dirigido, a hallarme en aptitud de elevar a US. informes tan completos y fidedignos cuanto sea posible». 

No se sabe a ciencia cierta qué medidas tomó Godoy para hacer las averiguaciones que su gobierno le había encargado hacer, pero se debe presumir que se puso en contacto de inmediato con su colega brasileño, Filippe Jose Pereira Leal, tal como había sucedido en Buenos Aires entre el Barón de Araguaya y Blest Gana, debido al interés compartido en saber en qué tipo de alianza podía estar Argentina, con la cual ambos países – Brasil y Chile – tenían frontera en común y relaciones que no pasaban por su mejor momento.

Sea como fuere, lo cierto que el historiador chileno Mario Barros van Buren ha señalado en su Historia Diplomática de Chile que, «cuando el Tratado llegó a Lima, aprobado por el Congreso boliviano, don Joaquín Godoy conoció su texto exacto y lo transmitió de memoria a Chile» y puntualiza que, «hoy que conocemos el articulado original, podemos apreciar que la versión de Godoy es casi idéntica».

¿Y cómo habría hecho Godoy para conocer su texto exacto y, haciendo gala de una memoria sobrehumana, transmitirlo a su Cancillería en Santiago? 

La historia diplomática del Brasil nos ayuda a responder a dicha interrogante. En efecto, el historiador brasileño Luís Cláudio Villafañe Gomes Santos ha señalado que el canciller peruano, don José de la Riva Agüero, le habría explicado a fines de 1873 al representante diplomático brasileño en Lima, Filippe José Pereira Leal, que el tratado había sido concebido «en resguardo de las usurpaciones que el Gobierno chileno pretende llevar a cabo en el litoral boliviano, perjudicando a Perú, y en la Patagonia», y que en nada afectaba al Brasil.

Y agrega Santos que, «más que eso, como prueba de que esta alianza no sería usada contra Brasil, el tratado secreto fue confiado a Pereira Leal durante veinticuatro horas, para que ésta pudiera informar al gobierno imperial sobre su contenido».

El informe del diplomático brasileño en Lima

Esta importante aseveración es confirmada por otro historiador chileno, Juan José Fernández Valdés, quien realizó una investigación exhaustiva en los archivos del Ministerio de Negocios Extranjeros del Brasil durante la década de los 50 del siglo veinte y reprodujo —primero en un artículo publicado en 1956 y luego en un libro sobre la historia de la relaciones diplomáticas entre Chile y Brasil, publicado en 1959— el oficio que Pereira Leal dirigió a su gobierno el 25 de diciembre de 1873, informándolo sobre el tratado secreto de 1873.

Debido a la importancia de la referida comunicación del citado diplomático brasileño, conviene reproducirla in toto a continuación:

Señor Ministro:
       Por mi Oficio Reservado No. 1 dirigido a V.E. el 22 de noviembre ultimo, tuve el honor de llevar al conocimiento de V.E. que el Ministro de Relaciones Exteriores, señor José de la Riva Agüero, me había autorizado para afirmar a V.E. que el actual Gobierno peruano deposita la más completa y la más absoluta confianza en el de S.M. el Emperador; que el actual Presidente y todo el Gabinete peruano, bien lejos de querer crear dificultades con el Imperio, tienen el mayor empeño y harán cuanto estuviere de su parte para consolidar las buenas relaciones y la amistad entre los dos países; y que recelando el Gobierno peruano que el Gobierno chileno consiga por amenazas o por las armas violentar a Bolivia, para que le ceda su rico litoral con la promesa de indemnizarla con el territorio peruano, que se extiende desde el río Loa hasta Arica inclusive, y habiendo encontrado en los archivos del último Congreso Americano un proyecto de tratado de garantía territorial, presentado por el Plenipotenciario chileno, señor Montt, bajo el pretexto de asegurar la independencia e integridad del Paraguay, contra la Alianza en guerra con el dictador López, había juzgado oportuno consultar mutatis mutandi a Bolivia y a la República Argentina, sobre la conveniencia de llevarlo a efecto, en reguardo de las usurpaciones que el Gobierno chileno pretende llevar a cabo en el litoral boliviano, con perjuicio del Perú, y en la Patagonia.
       Confiando en sinceridad de lo que me habían asegurado los señores Pardo y Riva Agüero, me animé a afirmar a V.E. por Oficio Reservado No. 2, de 20 del corriente mes, que haría cuanto estuviere a mi alcance para remitir a V.E. tal vez por este correo, si no una copia, por lo menos un extracto del tratado proyectado por Chile para favorecer al dictador López, y que convenientemente modificado fue ofrecido por el Perú a Bolivia y a la República Argentina.
       Hoy me cabe la honra de llevar al conocimiento de V.E. que el resultado de mis diligencias ha superado a mi esperanza y me da plena convicción de que los señores Pardo y Riva Agüero tienen completa satisfacción en el Gobierno Imperial, y sinceramente desean consolidar las buenas relaciones entre los dos países.           
      Viniendo este último señor a visitarme en la noche del 22 del corriente, hizo caer la conversación sobre la autorización que él y el Presidente señor Pardo, me habían dado para afirmar a V.E. la completa y absoluta confianza que el Gobierno peruano deposita en el de S.M. el Emperador, y su deseo de consolidar y aún estrechar sus relaciones con el Brasil; y le manifesté mi pesar por no poder presentar a V.E. hechos que justifiquen mi convicción: entonces me preguntó el señor Riva Agüero, ¿qué más pruebas, después de lo que ha pasado en la demarcación de límites, podía dar su Gobierno?
       Aproveché este momento de intimidad y le insinué mi deseo de dar a V.E. cabal información sobre el proyecto de tratado presentado al Congreso Americano por el Plenipotenciario chileno, señor Montt. El señor Riva Agüero me respondió que la confianza del actual Gobierno peruano en la lealtad de la política imperial y en la discreción de su Legación era tan ilimitada que ellos no ponían en duda darme lectura del tratado de alianza defensiva negociado con Bolivia, exclusivamente para impedir que Chile se apodere del litoral de aquella República y que fue ofrecido a la adhesión argentina por la cuestión de la Patagonia: porque, dice él, está seguro de que el secreto estipulado en el artículo adicional no quedaré menos inviolable por esta condescendencia suya.
       Sin la menor vacilación, tomé la responsabilidad de asegurar al Ministro de Relaciones Exteriores la inviolabilidad del secreto que confiaba al Gobierno Imperial por intermedio de su Legación; y en la visita del 23 no sólo pude leer el texto del tratado original que me trajo el señor Riva Agüero, como tuve la tan inesperada cuando agradable sorpresa de ver que él me ofrecía dejarlo en la Legación por 24 horas, para que mis informaciones a V.E. llevaren la exactitud que yo pudiese desear.

Como se puede apreciar de este interesantísimo documento, el representante brasileño ya había informado a su cancillería, el 22 de noviembre de 1873, sobre la naturaleza y alcances del tratado de alianza defensiva entre el Perú y Bolivia, incluyendo las razones por las cuales el gobierno peruano se había avenido a suscribir dicho pacto defensivo. Un mes y un días después de dicho informe a su capital, Pereira Leal recibía de manos del propio canciller peruano el texto del referido tratado, a título de préstamo por veinticuatro horas.

Y si se recuerda que los gobiernos del Brasil y Chile habían estado trabajando en estrecha colaboración para descifrar el misterio en torno al tratado secreto debido a que ambos querían determinar si dicho pacto —que parecía involucrar a la República Argentina— les afectaba o no, es altamente probable —por decir lo menos— que el consejero brasileño haya invitado a su colega chileno en Lima, Joaquín Godoy, a visitarlo a la sede de su legación a fin de que pudiera examinarlo con toda calma y copiarlo sin tener que recurrir a su prodigiosa memoria, y transmitirlo sin demora a Santiago.

Comentario final

Esta explicación, basada por cierto en una inferencia, resulta bastante más razonable y verosímil que la que ofrece el historiador chileno Mario Barros van Buren al señalar que, «cuando el Tratado llegó a Lima, aprobado por el Congreso boliviano, don Joaquín Godoy conoció su texto exacto y lo transmitió de memoria a Chile» y puntualizar que, «hoy que conocemos el articulado original, podemos apreciar que la versión de Godoy es casi idéntica»....

Escrito por

Hubert Wieland Conroy

Magister en Derecho Constitucional. Diploma de Estudios Superiores en Relaciones Internacionales de la Universidad de Ginebra.


Publicado en

La pluma inquieta

Reflexiones constructivas sobre temas diversos.