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La mediterraneidad de Bolivia, entre Charaña y el Tratado de 1929

Publicado: 2017-05-13

Sumilla: La prensa chilena insiste en sostener erróneamente que el Perú frustró la negociación sobre una salida al mar para Bolivia que empezó en Charaña en 1975. ¿Por qué será?

Hace unos días, La República reprodujo parcialmente una nota de La Tercera de Chile, titulada «El diálogo secreto de Kissinger y el canciller de Perú sobre Bolivia» (6/5/2017), en que se da cuenta de una reunión en Lima entre el entonces Secretario de Estado Henry Kissinger y el general Miguel Ángel de la Flor, a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, en el contexto de una brevísima visita del jefe de la diplomacia estadounidense al Perú en febrero de 1976.

En dicha nota, La Tercera sugiere que el «tema principal de la reunión fue la demanda marítima boliviana» y concluye que la negociación entre Chile y Bolivia sobre una salida al mar para el país altiplánico, iniciada con el abrazo que los generales Banzer y Pinochet se dieron en Charaña un 8 de febrero de 1975, se frustró debido a la respuesta peruana a una consulta que Chile le hiciera en aplicación de la famosa «cláusula del candado».

¿Es esto correcto, fue esto así? Pues no realmente, como veremos a continuación.

Henry Kissinger en Lima

En la referida visita al Perú, el Secretario de Estado Kissinger no se reunió únicamente con el canciller peruano sino también con los generales Jorge Fernández Maldonado y Francisco Morales Bermúdez, Presidente del Consejo de Ministros y Presidente de la República, respectivamente, de la segunda fase del gobierno militar iniciado en octubre de 1968.

El tema central de las tres reuniones fue, como es fácil imaginar, las relaciones entre el Perú y los Estados Unidos de América, que constituían objeto de no poca preocupación política para los gobernantes de ambas naciones. 

El tema de la aspiración marítima de Bolivia, de evidente interés para el Perú, no suscitaba, en cambio, mayor interés para el gobierno estadounidense, tal como lo señaló expresamente Kissinger durante la reunión en comentario, no obstante su deseo de conocer la posición peruana al respecto.

En efecto, Kissinger manifestó que «Estados Unidos desea una solución capaz de satisfacer a todos los involucrados. No estamos comprometidos con una salida al mar para Bolivia, pero favorecemos que se alcance dicho objetivo, sin estar interesados en ninguna solución en particular». Agregó que «este no es un problema de Estados Unidos».

La aplicación de la «cláusula del candado»

En cuanto a la referida respuesta peruana a la consulta chilena, conviene recordar que la «cláusula del candado» fue un artículo que Chile hizo incluir en el Protocolo Complementario del Tratado de 1929 – que le permitió al Perú recuperar Tacna – y según el cual ninguno de los dos países podría, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, de conformidad con dicho Tratado, habrían quedado bajo sus respectivas soberanías, ni podrían, sin ese requisito, construir a través de ellos nuevas líneas férreas internacionales.

En otras palabras, Chile no podría cederle a Bolivia una porción del territorio de Arica para que tenga una salida soberana al mar, ni construir una nueva vía férrea entre Bolivia y el mar que pase por Arica, sin contar previamente con el visto bueno del Perú. Pero también que el Perú estaría en igual predicamento si quisiera darle a Bolivia una salida soberana por el territorio de Tacna. 

Y fue en aplicación de dicha cláusula que el gobierno de Chile le informó al Perú que, en el marco del acercamiento chileno-boliviano iniciado en Charaña, el gobierno de Bolivia le había propuesto, el 19 de diciembre de 1975, negociar la cesión de una costa marítima soberana entre la línea de la Concordia y el límite norte de la ciudad de Arica, pero que era necesario consultarle previamente al Gobierno del Perú si estaba de acuerdo con dicha cesión.

La propuesta boliviana, recordemos, no incluía la idea de una compensación territorial a Chile, pero la contrapropuesta chilena sí la incluyó, señalando expresamente que la cesión solicitada estaría «condicionada a un canje simultáneo de territorios», de manera que Chile recibiría «una superficie compensatoria equivalente como mínimo al área de tierra y mar cedidas a Bolivia».

El gobierno de Bolivia, por cierto, aceptó «los términos generales» de la contrapropuesta chilena y el camino parecía expedito para iniciar la negociación y llevarla a buen puerto. 

La respuesta peruana, sin embargo, no fue inmediata y constituyó, más bien, el producto de casi un año de trabajo de una Comisión Consultiva Ad-hoc, que reunió a distinguidos diplomáticos, juristas e historiadores. 

Y el 18 de noviembre de 1976, siendo Ministro de Relaciones Exteriores del Perú desde julio de ese año el embajador José de la Puente Radbill, se le informaba a Chile que el Perú aceptaba la cesión solicitada por Bolivia pero condicionada al «establecimiento en la provincia de Arica, a continuación del corredor, de un área territorial bajo soberanía compartida de los tres Estados, Perú, Bolivia y Chile, situada al Sur de la frontera peruano-chilena, entre la línea de la Concordia, la carretera Panamericana, el casco Norte de la ciudad de Arica y el litoral del Océano Pacífico». (ver croquis)

Ministerio de relaciones exteriores del perú

El Gobierno de Chile reaccionó días después – el 26 de noviembre de 1976 – rechazando el planteamiento peruano con el argumento de que «incide en materias propias de su exclusiva soberanía nacional, y que no tienen relación con los términos generales de la negociación entre Chile y Bolivia que fueron aprobados por ambos países».

Pero el asunto no quedó ahí y las conversaciones continuaron, incluyendo un intercambio epistolar directo entre Pinochet y Banzer.

En efecto, Banzer le escribió a Pinochet el 21 de diciembre de 1977 exhortándolo a que elimine «la condición relativa al canje territorial», pero éste le contestó negativamente el 18 de enero de 1978, ratificando formalmente así que Chile consideraba el «canje territorial» como condición sine qua non para cederle a Bolivia una salida soberana al mar.

El 17 de marzo de 1978, Banzer le escribió por última vez a Pinochet diciéndole que daba por concluido el diálogo reanudado en Charaña, ya que «todas las condiciones para otorgarnos una salida soberana al mar por el Norte de Arica, señaladas en la respuesta del 19 de diciembre de 1975, sobre todo la relativa al canje territorial, permanecían inalterables y no serían objeto de negociación ulterior».

Así, la negociación iniciada con el famoso abrazo de Charaña, en febrero de 1975, había quedado indefectiblemente sepultada, no ciertamente por el planteamiento peruano como se concluye en la nota de La Tercera que La República reprodujo, sino bajo el peso de la exigencia chilena de un «canje territorial», que el gobierno de Banzer no pudo a la larga manejar a pesar de haberla aceptado desde un inicio.


Ver también (haciendo clic en el título)

La mediterraneidad de Bolivia y el proceso de Charaña

El Corredor Boliviano: una entrevista a José Rodríguez Elizondo en el Perú



Escrito por

Hubert Wieland Conroy

Magister en Derecho Constitucional. Diploma de Estudios Superiores en Relaciones Internacionales de la Universidad de Ginebra.


Publicado en

La pluma inquieta

Reflexiones constructivas sobre temas diversos.