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El punto Concordia y el Tratado de 1929

Publicado: 2016-06-03

Sumilla: La inclusión del punto Concordia como inicio de la frontera peruano-chilena fue reflejo de un genuino clima de concordia entre ambos países durante la negociación del Tratado de 1929.

El artículo segundo del Tratado de 1929 estipula textualmente que la frontera “partirá de un punto en la costa que se denominará ‘Concordia’, distante diez kilómetros al norte del puente del río Lluta.”

El Gobierno de Chile, no obstante su conocido discurso sobre su apego al derecho internacional y a sus obligaciones internacionales, ha venido sosteniendo que dicha línea fronteriza no tendría su inicio en el punto Concordia sino en el Hito 1, y que el punto Concordia no sería sino una invención unilateral reciente del Perú, propiciando así un clima de tensión innecesaria entre ambos países.

El clima actual contrasta considerablemente con aquel que reinó entre ambos gobiernos tanto cuando negociaron, entre octubre de 1928 y junio de 1929, el tratado que permitió la solución final de la cuestión de Tacna y Arica, mediante la división de ambas antiguas provincias peruanas, como cuando tuvieron lugar los trabajos de demarcación de la nueva línea fronteriza que concluyeron en julio de 1930.

Y es que el contexto político de aquella época estuvo caracterizado por un genuino espíritu de concordia, lo que se puede fácilmente corroborar recordando, a propósito del punto Concordia, la reacción del Gobierno de Chile cuando el Presidente Leguía propuso que el punto de inicio en la costa de la nueva frontera con el Perú sea denominado, precisamente, Concordia.

Leguía y el punto Concordia

Las negociaciones entre el Presidente Leguía y Emiliano Figueroa Larraín, Embajador de Chile (sentados en la imagen de cabecera), estaban ya en una etapa muy avanzada. El mandatario peruano ya había aceptado el principio de la división de las dos antiguas provincias peruanas y la concesión al Perú de un malecón de atraque en el puerto de Arica. El paso siguiente era negociar el trazado de la nueva línea fronteriza.

Según cuenta el diplomático chileno Félix Nieto del Río, en un artículo que publicó en el diario La Nación de Santiago pocos días después de la firma del Tratado de 1929, “Chile pedía que la línea divisoria partiese desde la costa en un punto denominado Escritos, situado diez kilómetros al norte de la bahía de Arica. El Presidente Leguía exigió que no se mencionase el nombre de ese punto. Insistió Chile y el Perú renovó su terminante objeción.”

Nieto del Río, dicho sea de paso, fue Jefe del Departamento Diplomático del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile entre 1927 y 1930, y tuvo una actuación muy destacada en el contexto de la negociación del Tratado de 1929. Su contribución al citado arreglo, según el embajador americano en Santiago en esa época, William Culbertson, habría sido más importante inclusive que la del entonces Canciller de Chile, Conrado Ríos Gallardo.

“El Presidente peruano – continúa Nieto del Río en su artículo – no admitía más referencia que la expresión ‘desde un punto de la costa distante diez kilómetros al norte de la bahía de Arica’.”

Al cabo de algunos días – agrega – “el Presidente Leguía llamó al Embajador Figueroa para revelarle el secreto. Deseo, le dijo, que donde ustedes habían puesto el nombre geográfico de Escritos, se ponga el nombre de Concordia. Ustedes no se opondrán a que así se llame al punto de arranque de la frontera entre Chile y el Perú.”

La respuesta de la Cancillería de Chile fue, naturalmente, positiva, y el punto Concordia fue expresamente incorporado al artículo segundo del tratado que fue finalmente suscrito en Lima aquel 3 de junio de 1929, por Emiliano Figueroa Larraín en representación de Chile y por Pedro José Rada y Gamio, Ministro de Relaciones del Perú, y que hoy recordamos, ochenta y siete años más tarde.

Pero más allá del hecho concreto de la inclusión del punto Concordia en el Tratado de 1929, lo verdaderamente ilustrativo del espíritu de concordia que imperaba entre el Perú y Chile en aquellos tiempos es el párrafo final del artículo de Félix Nieto del Río, que glosamos también como párrafo final de esta breve crónica.

“Aquella actitud inquietante del señor Leguía ocultaba, en realidad, una hermosa concepción de profundo significado, que él quiso mantener en reserva hasta el día en que la Concordia se produjo entre ambos Gobiernos para formular las bases de la solución final.”


Escrito por

Hubert Wieland Conroy

Magister en Derecho Constitucional. Diploma de Estudios Superiores en Relaciones Internacionales de la Universidad de Ginebra.


Publicado en

La pluma inquieta

Reflexiones constructivas sobre temas diversos.